viernes, 2 de septiembre de 2011

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No siempre que te digan "ven" es porque quieren que vallas, pero cuando te regalan un billete de avión para ir a París, es un "ven, quiero verte y quédate conmigo". Qué especial puede sonar para la gente que te regalen un billete de avión, un trozo de papel, que incluso me da grima cuando lo rozo con las uñas. Pero qué difícil es explicar a esa persona que aun me queda mucha vida por vivir, que mañana quizás me pase el día en casa durmiendo, o que salga de fiesta y me de un coma etílico y me de un trompazo con los tacones, o que quizás me apetece quedar con cualquier persona, sentarme en el suelo y que se termine mi paquete de cigarros poco a poco mientras observo las diferentes figuras que hace el humo que sale de mi boca. 
Qué extrañas decisiones puedo llegar a tomar a veces, y qué alegría me da cuando las tomo como si fuesen golosinas, esta me gusta, esta no. Qué loca está y que típico, dirán ellas, qué estúpida e idiota, pensarán ellos.